Cada año, entre septiembre y octubre, nuestros viñedos se llenan de actividad con el inicio de la vendimia. Durante unas tres o cuatro semanas, las cuadrillas recorren las parcelas seleccionando el momento óptimo de cada racimo, que varía según la altitud, la orientación y la variedad de uva.

El proceso comienza al amanecer, cuando las temperaturas son más suaves, y avanza entre cestos y remolques que transportan la uva hasta la bodega. Allí se realiza la primera selección, un paso crucial para garantizar que solo los racimos en perfecto estado continúan su camino hacia los depósitos de fermentación.

La vendimia no es solo un trabajo agrícola: es también una celebración que marca el final de un ciclo y el inicio de otro. Es el instante en que todo el esfuerzo del año se convierte en promesa de vino.

¿Cuándo empieza y cuánto dura la vendimia?

La vendimia suele tener lugar entre mediados de septiembre y finales de octubre. La duración puede variar entre tres y cinco semanas, dependiendo de la climatología de cada año, de las características de cada parcela y de la variedad de uva. Las zonas más tempranas, situadas a menor altitud o con mayor insolación, se recolectan primero, mientras que en las zonas más altas o frescas la vendimia se retrasa.



El proceso de la vendimia

La jornada comienza al amanecer. Se cortan cuidadosamente los racimos, depositándose en cajas o cestos, que después se trasladan hasta nuestra bodega.

Al llegar a la bodega, se realiza una primera selección de los racimos. Solo aquellos que presentan el estado óptimo continúan el proceso. A partir de ahí, la uva pasa a los depósitos de fermentación, donde comienza la magia de la transformación en vino.

La vendimia marca el final de un ciclo y el inicio de otro. Es el momento en que todo el esfuerzo del año se concentra en unas semanas intensas, llenas de ilusión, que darán como fruto los vinos que disfrutaremos en el futuro.


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